lunes, 25 de enero de 2010

Quiero entregarme como una carta

La discontinuidad de lo indescifrable en tus ojos que hierven cual carbón
encapullan ese misterio tajante y seductor.
Son parábolas que se elevan a corto espacio,
pero al mejor ritmo, como llamaradas de neón.
Éstas, soltadas a un criterio poco rondante por trópicos y meridianos,
feroz fiera juega en el mejor rol de agitadora mental,
mientras se envuelve mi pupila atrapada en ese fuego.
Tan canonizada entre elocuentes designios, supera gritos devastados en el todo.
La palabra todo no implica la mayoría, sino que dilata el pudor de mis sentidos.
Giro la mente, te comprendo, luego reduje al mínimo la redención y me tuviste a tus pies.

Dócil, dócil mente que se apiada de esa carretera complicada,
el recorrido más simple lleva a tu cuello y mirándote deslumbrado
avisoró el monte el mismo sol.

¿Para qué el espacio si sueño siempre con tu voz.? 
ruego libertad porque es lo único que adolescés.

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