lunes, 25 de enero de 2010

Quiero entregarme como una carta

La discontinuidad de lo indescifrable en tus ojos que hierven cual carbón
encapullan ese misterio tajante y seductor.
Son parábolas que se elevan a corto espacio,
pero al mejor ritmo, como llamaradas de neón.
Éstas, soltadas a un criterio poco rondante por trópicos y meridianos,
feroz fiera juega en el mejor rol de agitadora mental,
mientras se envuelve mi pupila atrapada en ese fuego.
Tan canonizada entre elocuentes designios, supera gritos devastados en el todo.
La palabra todo no implica la mayoría, sino que dilata el pudor de mis sentidos.
Giro la mente, te comprendo, luego reduje al mínimo la redención y me tuviste a tus pies.

Dócil, dócil mente que se apiada de esa carretera complicada,
el recorrido más simple lleva a tu cuello y mirándote deslumbrado
avisoró el monte el mismo sol.

¿Para qué el espacio si sueño siempre con tu voz.? 
ruego libertad porque es lo único que adolescés.

Té, lo dije bien clarito


A un paso de resarcir el tiempo derrochado, desparramado sobre la licuadora, hecho trizas en espacios incongruentes, retomo la redacción como método de tortura ocular.

Porque sé que el té lleva tilde, simplemente por ello, escribo. Un estereotipo infranqueable, una limitación absurda, una deuda con la Pachamama. [Es verdad, no sé como se escribe, pero lo que siento por ella trasciende la ortografía.]

Cigarrillo en mano, se hace difícil tipear, pero una imágen dictamina la elocuencia del escritor: aquella figura apagada del escritor casi moribundo, con dolores de pecho porque la nicotina cubrio sus alveolos. Es así, nos manejamos por imágenes que nos representan los objetos. (Apelemos a la semiótica y llamémolos  significante y significado)

Creen que es difícil es estudio semiológico? aún no han intentado interprentar mi metaescritura:

Ustedes, menospreciando los motivos de mi descenso; aumentando prioridades en dos tercios de las constelaciones persuadidas por los guerreros menos idóneos. Aquellos practrican métodos de terror circunstanciales para los que abandonaron la carrera por tu amor.
Se elevan y aguardan impacientemente las debilidades en los ajenos planteos, procurando cuidar las estimaciones del corazón sin pensar en contrastar situaciones pasadas, aún refugiándose en el destino menos gormal, donde renuncian a los vicios y a las ostentaciones, porque ya no buscan el ideal de perfección.